domingo, 21 de noviembre de 2010




Cuando te vi... cuando te vi me eché en los brazos

del punto suspensivo.
Una de tus manos salió a recibirme para enseñar las

letras de tu nombre.
Desde entonces, si lo pronuncio, se elevan las voca-

les hacia un cielo femenino.


Pensé de pronto en tu boca haciéndose a la mía,

pero dejé que varias lunas alimentaran las raíces del
beso.

Me alcanzó tu talle y, desde entonces, me enjazmi-

nas, me enlirias,

me enardece tu aliento de flor, me enracimas,
me amanzanan tus labios de fruta abierta: me dul-

cificas.


De ti vienen sabores de miel y de luna llena.

Y cuando mis manos parcelan tus pechos,
el corazón oigo al final de mis dedos. Y descienden,
acarician y descienden, descienden.


Soy un temblor de brújula orientándose a tu norte.

Y si fuera piedra, en lugar de la piedra nacería una

fuente. Entro en ti para salir del invierno,
para dejarte dentro el río de amor y que dentro
resuene,

en sementera:
mañana voz y nueva luz de tres miradas compartidas.


Juan José Delgado, Un espacio bajo el día


S M I L E =)

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