
Cuando te vi... cuando te vi me eché en los brazos
del punto suspensivo.
Una de tus manos salió a recibirme para enseñar las
letras de tu nombre.
Desde entonces, si lo pronuncio, se elevan las voca-
les hacia un cielo femenino.
Pensé de pronto en tu boca haciéndose a la mía,
pero dejé que varias lunas alimentaran las raíces del
beso.
Me alcanzó tu talle y, desde entonces, me enjazmi-
nas, me enlirias,
me enardece tu aliento de flor, me enracimas,
me amanzanan tus labios de fruta abierta: me dul-
cificas.
De ti vienen sabores de miel y de luna llena.
Y cuando mis manos parcelan tus pechos,
el corazón oigo al final de mis dedos. Y descienden,
acarician y descienden, descienden.
Soy un temblor de brújula orientándose a tu norte.
Y si fuera piedra, en lugar de la piedra nacería una
fuente. Entro en ti para salir del invierno,
para dejarte dentro el río de amor y que dentro
resuene,
en sementera:
mañana voz y nueva luz de tres miradas compartidas.
Juan José Delgado, Un espacio bajo el día
S M I L E =)
S M I L E =)
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Ñam